lunes, 12 de diciembre de 2011

PREVENIR ES ACOMPAÑAR

Desde finales de octubre, cada semana hemos tenido importantes y hermosos eventos de carácter religioso, signo de la vitalidad pastoral del colegio: la ordenación de dos diáconos josefinos, Jesús Castillo y Stalin Rafael Mora; cuatro jornadas de retiro para apoderados y para alumnos confirmandos y en catequesis; luego, las confirmaciones de 68 estudiantes y 8 apoderados; tres domingos sucesivos de primeras comuniones; la misa de envío de los IVos medio y la de acción de gracias de los 8os básico; y por último, como cierre de las celebraciones y del mes de María, la peregrinación al Cerro San Cristóbal para honrar a nuestra Madre, dando gracias al Señor por el año escolar. A todos nos impresionó esa larga caminata de unas 1.500 personas de la comunidad escolar y de apoderados (cada vez más numerosos), que, como una cinta sinuosa, adornó con sus colores el camino de subida al cerro y el santuario al aire libre de la Virgen. Fue bonito ver especialmente a los alumnos mayores participar con fervor en los rezos y en la escucha de la Palabra. ¡Estas manifestaciones externas, al fin y al cabo, nos reconfortan ante la poca influencia sobre los jóvenes que tiene hoy en día la religión y la Iglesia!


Con todo, nos queda la permanente tarea de fortalecer la espiritualidad en los alumnos, más allá de los eventos celebrativos, de los varios momentos religiosos que ritman el año escolar o de las misas de los sábados. Según crece la edad de los alumnos, que van dejando atrás la espontaneidad receptiva de la niñez, va disminuyendo aparentemente en ellos la dimensión espiritual. En efecto, en los primeros años se observa una participación activa, entusiasta y festiva de los pequeños en todo lo que se propone, en particular a nivel religioso; tanto que nos hace confiar en que se está sembrando muy bien. Sin embargo, cuando llega la adolescencia, muchos ya pierden el fervor participativo; incluso, durante la preparación a la primera comunión, van asomando en sus mentes o en sus comportamientos las primeras crisis religiosas.

Sabemos que la adolescencia es una época difícil, y lo es también en lo religioso. Empiezan las dudas de fe, producto de la falta de comprensión de ciertas verdades religiosas; o de la decepción que ellos experimentan cuando ven que la religión y la Iglesia no satisfacen sus exigencias; o por comprobar que su fe, todavía “mágica” y poco razonada, ya no obtiene de Dios lo que piden y, por ende, no es tan necesaria. En algunos casos intuimos que el alejamiento de lo religioso se debe al vacío afectivo del joven (¡es difícil creer en un Dios Amor, cuando uno no se siente amado lo suficiente!); o es producto del no encontrar sentido a la vida. También influye el miedo a lo que digan y la falta de personalidad: dado el clima social poco favorable a la práctica religiosa, les es difícil a los adolescentes luchar contra corriente y mantener una fe cristalina, faltándoles el valor para defenderla o manifestarla públicamente. Una de las causas es también la flojera, junto con la predominancia de otros intereses inmediatos y materialistas, porque les cuesta frecuentar la Iglesia, participar en la misa los domingos, rezar antes de acostarse. Ante todo lo relacionado con la religión les entra una gran desidia, que con el tiempo se trasforma en completo abandono. Por otra parte, al despertar de la pubertad, se les hace difícil mantenerse fieles a ciertas normas morales; por ello no aceptan a la Iglesia y la ley de Cristo, que con frecuencia les llega totalmente deformada, especialmente en lo referente a la vida sexual, porque ignoran los aspectos positivos de la moral cristiana y la ven tan sólo como un conjunto de prohibiciones. Si añadimos que sus lecturas, la frecuencia en el uso y disfrute de las redes sociales, sus contactos con determinados compañeros, el ambiente general de nuestra sociedad y el mismo proceso de maduración, les plantean serios problemas, cuando tratan de armonizar sus concepciones religiosas (no siempre actualizadas) con sus conocimientos y experiencias juveniles.

Mientras algunos logran interiorizar su fe, experimentando a Dios presente en sus vidas y respondiendo con una conducta en la que la oración está presente y/o el empeño pastoral los compromete (¡alrededor de 50 alumnos de 8º básico quieren ser catequistas!), otros, más que perder totalmente la fe, simplemente dejan de practicar. Todo esto les lleva a alejarse poco a poco de Dios, de quien, en el mejor de los casos, siguen temiendo su desaprobación y, a la vez, valoran su misericordia y su poder de perdonar.


¿Cómo PREVENIR, entonces, desde la familia y la escuela el alejamiento de lo religioso?


Por una parte, el Liceo, fiel a su meta de “formar jóvenes históricamente ubicados y cristianamente inspirados”, no sólo se esmera en darles una “educación en valores” (cosa que se encuentra en muchos otros colegios), sino en multiplicar las ocasiones y las oportunidades para que puedan profundizar su fe, a través de iniciativas y propuestas pastorales.


Por otra, hay que reconocer que muchas de nuestras familias colaboran bien poco o nada con la educación religiosa de los hijos. Nos da la impresión que en esto no tenemos siempre la colaboración que esperaríamos de las familias, que, sin embargo, se declaran a favor de todo lo que el colegio “católico” ofrece. Claro que se trata solamente de un porcentaje, porque hay otros padres que se esfuerzan en secundar las propuestas religiosas del colegio, en acompañar con diligencia a los hijos durante el proceso de catequesis, en llevarlos a misa los domingos (¡la práctica religiosa por excelencia, la más eficaz para mantener viva la fe!) y en motivarlos para que recen por las noches o rezar con ellos en casa.


Sería lamentable decir de nuestros apoderados lo mismo que hemos dicho de los alumnos: ¡por X motivos se han alejado poco a poco de lo religioso! Al final del año que lleva por lema “en la familia y en la escuela PREVENIR es amar”, es bueno recordar que también en la dimensión espiritual y religiosa tiene mucha importancia la prevención. En este caso, “prevenir es acompañar”, acompañar a los hijos en el crecimiento de la fe, en cualquier momento de las etapas evolutivas, pero en particular en la de la adolescencia.


El tiempo de Navidad es propicio para retomar la sensibilidad religiosa, acercarse a la iglesia, reafirmando junto con toda la familia la fe en el Dios hecho hombre.

p. Franco Zago, rector

miércoles, 5 de octubre de 2011

CIRCULAR Nº6


Estimados Padres y Apoderados:


Junto con saludarlos, quiero compartir con ustedes unas reflexiones sobre lo que estamos viviendo en educación; y por mayor claridad voy a recurrir a un esquema clásico: ver, juzgar y actuar.


VER


Estamos viendo y algunos también sufriendo: estudiantes movilizados por demandas de educación de calidad y equidad, manifestaciones masivas con presencia incluso de adultos y familias, actitudes sorprendentemente cívicas, expresiones creativas; pero también escuelas y universidades tomadas, destrozos en las instalaciones, ausentismo de clase, disturbios callejeros, violencia, robos y saqueos…

De igual forma en nuestro colegio hemos visto: asambleas de ciclos bien coordinadas, debates críticos y respetuosos entre los alumnos, participación responsable a las marchas, integración solidaria de alumnos de colegios en toma; pero también aumento considerable de inasistencia a clase y profesores que no podían avanzar con el programa por tener salas de clases diezmadas.


JUZGAR


El malestar relacionado con la educación, que brotó de manera virulenta hace cinco meses, ha generado posiciones encontradas. Pero no podemos soslayar un severo juicio sobre el alto costo económico a cargo de la familia, especialmente a nivel universitario; sobre la extensa desigualdad en la calidad de la educación, que reproduce lamentablemente la falta de equidad, en lugar de ser el mejor medio para superar la brecha social; sobre el lucro desmedido que se ha instalado en muchos ámbitos que afectan a la gente, por lo que, además de bancos, isapres y tiendas, la misma educación queda perjudicada a causa de aquellas empresas que desde tiempo han tomado la educación como un campo para hacer negocio.


¡Qué bueno que, junto con las diversas demandas de los grupos movilizados, vayan saliendo una serie de aspiraciones legítimas! ¡Qué lamentable, por otra parte, que no se logre hasta ahora canalizar bien y dar una respuesta satisfactoria a estas aspiraciones! ¿Por qué no se puede todavía reducir las posturas absolutas y la cerrazón ideológica? ¿Por qué cuesta tanto sentarse a dialogar?

Por lo que se refiere a nuestro Liceo tenemos que reconocer lo efectivo que ha sido el papel de liderazgo del Centro de Alumnos que, junto con los presidentes de curso y el prudente acompañamiento de los profesores asesores, ha marcado siempre el norte frente a quienes presionaban por un lado o quienes, por otro, se mantenían en la indiferencia. También hay que reconocer el grado de madurez y de responsabilidad con que se han desarrollado las varias asambleas y reuniones, en las cuales ha habido información transparente respecto a la gestión económica del colegio. Debemos destacar que nuestros alumnos fueron conscientemente críticos y, a la vez, partidarios de soluciones por la vía del diálogo, lo cual demuestra una vez más la calidad de formación que reciben.


Por otra parte, no podemos callar la gran preocupación que hemos vivido, tiempo atrás, en el colegio, producto de las amenazas de toma, algunas a punto de llevarse a cabo. Sin embargo, la mayor preocupación, proviene de determinadas demandas de los petitorios estudiantiles, en las que no es difícil descubrir la pretensión de eliminar la enseñanza particular subvencionada o, por lo menos, limitar su crecimiento.


ACTUAR


Lo primero que les pido a los padres y apoderados es hablar con sus hijos de todas estas temáticas; hacerlo con valor y lucidez; escucharlos y conocer sus opiniones; reiterar la importancia de estar informados; hacerles caer en la cuenta que el tema educativo ha llegado a ser un tema país, que involucra a todos y, en particular, su futuro. Ponderar sus opiniones, poner en descubierto eventuales contradicciones. Hacerles ver cuán poco sirven las posturas absolutas, así como las soluciones superficiales, de maquillaje, que no tocan la raíz de los problemas más graves.

Frente a algunas pretensiones que intentan minar la enseñanza particular subvencionada, pido a los padres que eviten ingenuidades circunstanciales y, por ende, les pido encarecidamente la máxima coherencia.

Las movilizaciones de estos meses han provocado un ausentismo en el colegio que nunca se había dado anteriormente, con una dúplice consecuencia negativa: primero, cursos diezmados que han impedido avanzar con los contenidos; segundo, menor subvención estatal y, por ende, menores ingresos frente a los mismos gastos. Obviamente ello nos llevará a un déficit anual, por lo que nos veremos obligados a reducir gastos en diversos ámbitos y probablemente también la ayuda solidaria. Por lo tanto, en estos meses debemos concentrarnos en finalizar bien el año, cumpliendo con los planes y programas establecidos. Espero que padres e hijos asuman sus responsabilidades educativas y una asistencia regular a clase.


Por último, reiterarles nuestro compromiso de directivos y profesores, que es y será el de “formar - como reza nuestra meta - jóvenes cristianamente inspirados e históricamente ubicados”. Por consiguiente, asegurarles que promoveremos siempre más y mejor aquellas instancias e iniciativas que lleven a formar con mayor pertinencia a alumnos en los valores evangélicos “en medio de una sociedad escandalosamente desigual”, para ayudarles a comprender los desafíos sociales y políticos, y contribuir así a despertar en ellos el interés por la “cosa pública”.

Sin más, les saluda atte.

p. Franco Zago
Rector

jueves, 7 de julio de 2011

VUELTA A LO COTIDIANO

Finalizado el Machitún, el Liceo ha retomado el ritmo académico cotidiano: clases normales sin interrupciones y salas en orden sin el cachureo de la fiesta; recreos sin alboroto ni lienzos flameantes colgando de las barandillas; conversaciones normales sin la concitación de los días de mayo; tampoco gritos de las alianzas; horarios habituales sin permanencia extra para los ensayos…

En cambio, ahora podemos ver a los alumnos concentrados sobre las materias ante las pruebas de nivel; algunos buscan al profesor para resolver las inevitables dudas; otros recurren a los compañeros para aclarar una dificultad; mientras que unos cuantos, seguros de lo estudiado, se van a jugar a la pelota…

Hemos regresado a la normalidad, a la cotidianeidad. Si bien las celebraciones de mayo tienen aspectos significativos para la educación, lo que modela el verdadero perfil de nuestro Liceo es la cotidianeidad.

Efectivamente, la vida de las personas se decide en lo cotidiano. Por lo general, no son los momentos extraordinarios y excepcionales los que marcan más nuestra existencia. Es más bien esa vida ordinaria de todos los días, con las mismas tareas y obligaciones, en contacto con los mismos compañeros/as, con los mismos profesores o colegas, la que nos va configurando. En el fondo, somos lo que somos en la vida cotidiana.

Esa vida no tiene muchas veces nada de excitante. Está hecha de repetición y rutina. Pero es nuestra vida. Somos seres cotidianos. La cotidianeidad es un rasgo esencial de la persona humana.

En esa vida de lo normal y ordinario podemos crecer como personas y podemos también echarnos a perder. En esa vida crece nuestra responsabilidad o aumenta nuestra desidia y abandono; cuidamos nuestra dignidad o nos perdemos en la mediocridad; nos inspiran y alientan los valores profundos o actuamos desde la indiferencia y la apatía; nos dejamos arrastrar por la superficialidad o enraizamos nuestra vida en lo esencial, en lo profundo; se va disolviendo nuestra fe poco a poco, hasta llegar a dejar de rezar, o se va reafirmando nuestra confianza en Dios.

¡La vida cotidiana no es algo que hay que soportar para luego vivir no sé qué! Es en la normalidad de cada día donde se decide nuestra calidad humana y cristiana. Ahí se fortalece la autenticidad de nuestras decisiones; ahí se purifica nuestro amor a las personas; ahí se configura nuestra manera de pensar y de creer. Es en el presente de la cotidianeidad donde cultivamos el futuro que deseamos.

¡Ojalá - me repetía en los días del Machitún - que nuestros jóvenes y niños tuvieran en sus deberes cotidianos tan sólo un porcentaje del empeño, responsabilidad, motivación y compromiso que ponen para competir en sus alianzas. En efecto, pienso que las actitudes de fondo explicitadas en “la tarea Machitún” son las mismas que requiere “la tarea escolar”. Preguntémonos a modo de ejemplo, ¿cuál es la clave para lograr “el objetivo Machitún” o “el objetivo pruebas de nivel”? ¡Se trata de lo mismo! (Obviamente, más allá de otras variables como capacidades naturales, suerte, accidentes…).

Tanto para uno como para otro la clave es saber ORGANIZAR EL TIEMPO.

Prescindiendo de las variables mencionadas, gana el Machitún la alianza que sabe organizarse mejor, planificando los tiempos. Pues lo mismo, el elemento determinante para un productivo estudio es no malgastar tiempo, organizándose bien. Aprender a hacer un plan de trabajo, elaborando una tabla de marcha. Una vez establecidos los tiempos, hay que atenerse al horario con la mayor fidelidad posible. ¿Y cómo no? planificar también un descanso regular, dormir al menos ocho horas por noche. ¡Dormir es tan importante cuanto estudiar!

Tal como lograron el objetivo aquellas alianzas que se exigieron un buen entrenamiento, basado en voluntad, concentración y constancia, lo mismo debe exigirse quien quiere superar las pruebas de nivel.

VOLUNTAD: para empeñarla hace falta resistir a las tentaciones. ¿Las peores? El aburrimiento, la fatiga, el celular, la TV, el computador, Facebook, los amigos que invitan a salir. ¿Qué hacer para resistir a los distractores? 1) No estudiar con el celular y el computador al alcance, pues son una continua tentación. 2) Mejor programar muchas pequeñas fatigas afrontándolas una a una con determinación para llevarlas a cabo en tiempos razonables. 3) Cuando te pongas a estudiar, evita hacer al mismo tiempo otras cosas, como comer, beber, ir y venir de una habitación a la otra. Solamente al final, te permitirás gozar el descanso relajante o la pausa reponedora.

CONCENTRACIÓN: La distracción es un terrible enemigo a combatir. Por lo tanto, hay que potenciar unos recursos: 1) Utilizar varias estrategias como el subrayado, los colores, las notas al margen de un párrafo, la repetición de ejercicios. 2) Alternar sabiamente los momentos de empeño con las pausas de 10 minutos durante los cuales se fija en la memoria lo que se ha estudiado. 3) Ten presente que la concentración mayor se da entre los 20 y los 40 minutos desde el momento en que te pones a estudiar. 4) De vez en cuando hacer unos simples ejercicios de stretching: pararse, extender en alto los brazos, estirar los dedos, doblarse hacia adelante…

CONSTANCIA: Ser constante significa entrenarse un poco cada día para fijar en la mente lo que se aprende. El apretón del último momento, sin programar el estudio y el tiempo, equivale a consumir seis comidas de una sola vez, después de haber ayunado por tres días. Resultado: ¡indigestión sin nutrimento! Estudiar día y noche por horas y horas - ¡poco aconsejable! - puede servir para una sola vez, en vista de una prueba especial. Pero el éxito que deriva de la constancia en la aplicación de la voluntad será la motivación para seguir con el mismo training hacia el éxito.

Padre Franco Zago
Rector

Artículo de el "Murialdino" de Junio, Nº 69

¡NO TENGAN MIEDO!

En este número de mayo quiero continuar con el tema de los abusos de poder y de los abusos sexuales contra menores, especialmente aquellos cometidos por clérigos y personas consagradas y lo hago, esta vez, desde otra perspectiva: desde las acusaciones que se hacen a la Iglesia.

En primer lugar, conviene aclarar un lugar común, que constituye un error frecuente en la mentalidad de la gente: cuando se habla de Iglesia, normalmente uno piensa en el clero y en las monjas. Sin embargo, son Iglesia todas las personas bautizadas y no sólo curas, monjas, obispos y papa. El último Concilio y el Catecismo utilizan también otro apelativo para referirse a la Iglesia, apelativo que pone en evidencia el error: Pueblo de Dios. Al Pueblo de Dios, Iglesia, entonces pertenecemos todos y no sólo el clero.

Aclarado esto, podemos volver a formular la pregunta: ¿de qué se le acusa a la “jerarquía” de la Iglesia Católica? Fundamentalmente se le acusa de encubrimiento, omisión, negligencia o lentitud en tomar medidas eficaces para castigar y, por ende, prevenir los delitos de abuso de poder y de abuso sexual cometidos por algún ministro o persona consagrada. El mismo Papa ha admitido que muchos delitos graves fueron encubiertos o minimizados en el pasado por los superiores de la Iglesia y de sus Instituciones. En otros casos se han dado respuestas insuficientes, débiles, con poca atención para la víctima, no claramente posicionadas a favor de las víctimas, que sufren. Y todo ello, principalmente por cuidar más la imagen exterior y por no sembrar escándalos entre la gente sencilla. En ocasiones, la preocupación por analizar a fondo las acusaciones ha hecho demorar demasiado la resolución de los casos.

Por otra parte - ¡también esto hay que decirlo! - no pocas veces los sacerdotes y los consagrados son víctimas de calumnias relacionadas con la conducta sexual. Estadísticamente es la calumnia más frecuente que se ha dado contra quien representa de alguna manera a la Iglesia y que, de repente, se han acarreado hostilidades por su accionar. Ello explica, pero no justifica, una cierta lentitud - tildada de prudencia - de parte de los superiores ante acusaciones de este tipo.

De todos modos, hay que admitir que en el pasado se tomaron medidas que, con la sensibilidad actual, se revelan no acertadas o equivocadas: tener ocultos los casos por miedo a los escándalos, tratando de resolver los problemas en secreto; no dar crédito en seguida a las acusaciones; abordar a las víctimas con paternalismo, pero faltos de realismo… Otras veces se buscó un compromiso entre la necesidad de proteger a las víctimas del público - por respeto a su intimidad - y de tener bajo control los inevitables daños sobre la Iglesia.

Bastante ingenuidad ha habido, cuando se pensó que bastaría un traslado de parroquia o un cambio de diócesis o de país. Algunos superiores eclesiásticos estaban convencidos de que “más puede la gracia de Dios que la desviación pecaminosa”. Por eso se derivaban a los culpables a psicoterapias por breves períodos, subestimando la gravedad de estas desviaciones y creyendo en los buenos propósitos del victimario, en sus promesas de corregirse.

¿Qué consecuencias hay para la Iglesia, Pueblo de Dios?

Obviamente todo ello ha causado crisis en la Iglesia, principalmente crisis de confianza, de credibilidad y de liderazgo. Quizás no tanto en aquellos fieles laicos que son más cercanos y conocedores de la labor de la mayoría de los sacerdotes.

Una lección queda clara para la Iglesia y que el Papa ya anunció ya el año pasado: cambiar los métodos de abordar los casos. Ahora la ropa sucia se lava y se tiende al sol, y no más en casa. Desde luego que este vendaval que sacude a la Iglesia y que la hace sufrir, es una gran oportunidad para su purificación y para que sea más humilde y valiente. Y vale para todos sus miembros. ¡Entonces, al fin y al cabo, es bueno que salga a la luz este cáncer!

Por eso, a pocos días de la beatificación de Juan Pablo II - con quien he tenido la dicha de estar en cinco ocasiones - quiero terminar con una de sus frases más emblemáticas: «¡No tengan miedo!». ‘No tengan miedo de esta crisis’, podríamos oír hoy desde el cielo del Beato Juan Pablo II para nuestra Iglesia de Chile. «Estamos en las manos de Dios, en las mejores manos», nos repite todavía hoy San Leonardo Murialdo en el mes a él dedicado en nuestro Liceo. “No tengan miedo de ser cristianos, de vivir como tales, de exhibirse como cristianos”, nos ha recordado Benedicto XVI en la homilía de la beatificación.

Padre Franco Zago
Rector

Artículo publicado en "Murialdino" del mes de mayo, Nº 68

EN CUALQUIER REBAÑO PUEDE ESCONDERSE UN LOBO

Estimada Comunidad Murialdina:

En este “Murialdino” quiero abordar un tema muy hablado últimamente, tanto en los medios de comunicación como entre la gente de la calle: los abusos sexuales contra menores cometidos por personas consagradas. Por cuan delicado pueda ser el argumento, pienso que no debe ser impedimento para que se trate en esta página o se hable en clase o en casa, sobre todo cuando los hijos preguntan. Eso sí, siempre con la verdad y delicadeza necesarias, y acorde con la edad.

Son varios los apoderados que me han pedido orientaciones sobre esto y, en mi limitado tiempo, he podido conversar con ellos personalmente o en grupo. Con los profesores ya tratamos el tema dos veces. Proyectamos también abordar algo en las salas de clase, especialmente con los más grandes.

Uno quisiera decir muchas cosas aquí, porque la temática tiene muchos aspectos y matices; pero debo limitarme a este espacio, esperando ceñirme a lo más relevante. No descarto la posibilidad de hablar en otros foros o en los próximos Murialdinos.

En primer lugar, hay que afirmar rotundamente que quienes cometen estos delitos no pueden ser consideradas personas consagradas, ministros de Dios, porque a quien han traicionado primeramente es a Dios, y luego a su Iglesia con todos sus miembros, desde el Papa hasta el último bautizado. Por lo tanto, son ellos mismos que se colocan fuera de la Iglesia, aunque hipócritamente sigan ejerciendo funciones. Escudándose detrás de la religión, han causado daños gravísimos a menores que habían depositado su confianza en ellos. Sus actos son pecados y son crímenes a la vez. En cuanto pecados, si ellos se arrepienten de verdad, Dios los va a perdonar. En cuanto crímenes deben ser condenados tanto por las autoridades eclesiásticas según el derecho canónico, como por la sociedad civil mediante los tribunales. Jesús nos llama a perdonar, pero la naturaleza humana demanda reparación pública; y ésta no se da más que en los juzgados. Y es justo que sea así. ¡Al fin y al cabo la naturaleza humana es creatura de Dios! En estos días todo el mundo reclama justicia, que debe hacerse con toda verdad y transparencia.

Dependiendo de la edad, los menores, nuestros alumnos, han de llegar a comprender lo que acabo de escribir; por su propio intelecto o con la ayuda de adultos (padres, educadores, etc.). Es necesario también ampliar su visión, haciéndoles ver que en cualquier lugar hay gente buena y mala alrededor nuestro. Lobos con piel de oveja pueden estar presentes en todas las instituciones, incluso las más confiables. Por eso, sin perder la confianza en las instituciones, ellos han de formarse criterios prácticos de discernimiento.

Pero, ¿cómo distinguir buenos y malos? ¡No algo es fácil! Lo primero, recurrir a medidas de sentido común. ¡Pero, el sentido común no es siempre tan común! Por otra parte, los casos conocidos revelan que la mayoría de los abusos está en manos de alguien que se ha ganado la confianza del menor. Es oportuno, entonces, enseñar a los niños a reconocer aquellos gestos, actitudes, “astucias y mañas” de acercamiento que son precursoras de abusos. Cuando estaba en USA, un investigador me decía que muchos abusadores empiezan por aislar a un menor, dándole una atención indebida o haciéndoles regalos. Otros le hacían participar en actividades que sus padres jamás aprobarían, como ver imágenes no apropiadas a la edad (pornografía, incluso), tomar alcohol… Desde luego hay que preparar a los menores, advirtiéndoles que hay personas que podrían presentarse con piel de oveja, siendo en realidad lobos depredadores. Hay que alertarlos sobre quien de repente comienza a tener contacto excesivo con ellos, como luchas, cosquillas o cosas parecidas; sobre quien, bajo cualquier excusa, quiere estar a solas con ellos, aunque sean muy amigos. Una mirada particular debemos tener para con los menores que han sufrido algún desgarro emocional, como la separación de los padres, la muerte de un familiar y que, por ende, están más necesitados de cariño, pues son más vulnerables y blanco de posibles depredadores (incluso blanco de bullying entre compañeros).

Estamos en el año de la prevención: “prevenir es amar”. Amémoslos, también dedicando tiempo a la prevención, pasando ratos conversando con ellos.

Padre Franco Zago
Rector

Artículo publicado en "Murialdino" de Abril, Nº 67

miércoles, 6 de julio de 2011

Estimada Comunidad Murialdina


En la presentación de la agenda escolar, además del habitual saludo a la comunidad educativa y de la bienvenida a los alumnos y apoderados nuevos, se suele anunciar el lema que nos regirá como un faro que ilumina la ruta por donde hemos de bregar para evitar los escollos de las decepciones y conseguir los logros esperados en nuestro trabajo educativo.

Este año hemos elegido uno que retoma en el subrayado la tradición educativa de la congregación: "En la familia y en la escuela, prevenir es amar". El método preventivo, común en las congregaciones que se dedican a la educación, fue divulgado por Don Bosco, quien lo definió de una manera escueta y, al mismo tiempo, representativa de su época. "El sistema preventivo, que se opone al represivo, consiste en poner a los alumnos en la imposibilidad de cometer faltas". San Leonardo Murialdo colaboró con Don Bosco en su juventud y, por ende, promovió el mismo "sistema" en las obras josefinas, lo explicó con un aforismo más contundente: "Abrir una escuela es cerrar diez cárceles". Se trata, en definitiva, de anticiparse a las situaciones en modo que, en lugar de recurrir a las sanciones, se establezca una estrategia que hace imposible que ocurran faltas y que los jóvenes se pierdan; construir un entorno donde el alumno se vea capaz de ser y dar lo mejor en sí. En 1878 Murialdo ante sus colaboradores perfila las características de la prevención como presencia cotidiana, asidua y vigilante en medio de los alumnos, marcada por el compartir, la alegría, la transparencia, la fidelidad y, sobre todo, la amabilidad; refiriéndose a los artesanitos, escribía estas notas: "En el colegio hay apertura (transparencia). No se esconde nada. El encubrimiento es la fuente de todos los males. Los muchachos se pueden acercar a los superiores (educadores). No hay caras tristes. Para hacer el bien a los jóvenes es necesario: 1º los medios de la religión. 2º Familiaridad en los recreos. 3º Trabajar junto con los muchachos"

Podríamos extendernos en citas e informaciones sobre el sistema preventivo, lo cual no corresponde a esta página; me limito, por tanto, a presentar una introducción que profundizaremos durante el año.

La misma prevención en la educación, tanto en la familia como en la escuela, proviene a mi juicio, del testimonio de los adultos, que han de dar el buen ejemplo de "respetar todas las reglas", con alto sentido ético y moral, sin recurrir a fáciles justificativos. Cuando un adulto o un alumno de los cursos superiores infringe "las reglas", presenta "falsificativos", no da la justa importancia a las normas, o no es capaz de reconocer las infracciones cometidas o busca fáciles escusas, induce a los menores a hacer lo mismo.

Por consiguiente, hace falta una buena inyección del sentido de responsabilidad y, por sobre todo, de autoridad, porque no existe ningún proyecto educativo, familiar o escolar, sin reglas que "rayen la cancha" y sin la autoridad necesaria para conjugarlas. En presencia del permisivismo o de sanciones que no se aplican o de ablandamiento de las mismas, surge la química del cerebro del niño y del joven el gusto por la infracción, por empujar más allá los límites puestos, por experimentar y probar lo ilícito y lo ilegal... En la práctica, sin un justo temor, no existe prevención ni, desde luego, verdadero amor.

Todo proyecto de crecimiento y maduración implica fatiga, dolor y pequeñas conquistas como fruto del propio esfuerzo. Por el contrario, hoy en día, especialmente a los adolescentes les llegan mensajes ilusorios que tratan de anestesiar sus vidas. De ahí proviene su fuerte sentido de omnipotencia, acompañado a veces por la irresponsabilidad. Prevención, entonces, es comprender que no se puede eliminar la fatiga, el sufrimiento, la renuncia, el privarse de algo, el saber decir NO a tiempo, y esto, tanto en casa como en la escuela, y a cualquier edad.

Por todo ello es importante tomar decididamente nuestro andar desde la comunicación emotiva y desde los lazos afectivos para dar el justo enfoque a la prevención. Porque prevenir es, al fin y al cabo, una expresión de amor.

P. Franco Zago
Rector

Artículo publicado en "Murialdino" del mes de marzo, Nº 66

martes, 14 de diciembre de 2010

CONSTRUIR UNA MESA PARA CHILE

El 3 de diciembre, por cuarto año consecutivo, alumnos, profesores, asistentes de la educación y un significativo número de apoderados hemos peregrinado al santuario de la Inmaculada Concepción del Cerro San Cristóbal, como conclusión del mes de María. Una larga y alegre caminata que, gracias Dios, se desarrolló como siempre sin accidentes. Obviamente, mientras caminamos, no falta en nosotros, los adultos, un poco de aprensión, porque no es empresa fácil cuidar a tantos alumnos por veredas, cruces de calles, carretera de subida y sendero de bajada. Pero constatamos que ya se ha consolidado la tradición con un formato bien planificado y articulado, que cada año va mejorando sus resultados.

Es bueno destacar aquí, en Murialdino, la colaboración de numerosos alumnos. Ante todo, un grupo de 3º medio que se encargó de cuidar a los compañeritos del primer ciclo, desde plaza Tupahue al Cerro, manteniéndolos dentro de la cinta protectora; lo hicieron con sentido de responsabilidad, mucho ojo avizor y trato cariñoso. No puedo dejar de mencionar a las excelentes actuaciones del coro del colegio, de las niñas del grupo de danza, del grupito que nos encandiló al final con la representación cantada de “La casita de Nazaret”. Y como siempre, no faltó el entusiasmo del grupo de pastoral, siempre muy proactivo y dispuesto a colaborar en lo que sea.

Después de este debido reconocimiento, quiero llevar la reflexión sobre la dinámica o gesto simbólico que realizamos al final, en el santuario al aire libre. Entre cantos, oraciones a la Virgen, ofrendas florales de los niños de la primera comunión y de los jóvenes que se confirmaron en noviembre pasado, quisimos poner un gesto que fuese un poco la síntesis del camino hecho en año del Bicentenario. En realidad todos los años tratamos de realizar algo simbólico como expresión de oración, de participación y de compromiso de toda la comunidad educativa. Esta vez tomamos inspiración del lema del año: “Por ser la Patria una misión, formamos honrados ciudadanos y buenos cristianos”; y quisimos compaginarlo con el lema de la Iglesia de Chile para el Bicentenario: “Chile, una mesa para todos”.

Pero antes de presentar el símbolo elegido, quiero recordar algo relacionado con nuestra visión educativa que lo enmarca: el Liceo, en cuanto escuela católica, propone la fe no solamente como adhesión a una doctrina y moral cristianas y a unos valores con fundamento evangélico; no solamente como oración personal y comunitaria, como vivencia en pequeñas comunidades o grupos, como celebración participativa involucrando a las familias, como preparación a la vida sacramental, etc. La fe cristiana se expresa también haciéndose historia, solemos decir; o sea, participando en la mejora de la comunidad, porque creer es comprometerse, es hacer visibles los signos de la presencia de Dios en nuestros ambientes. Es que en el fondo el Liceo Murialdo pretende ser una escuela de ciudadanía responsable, porque justamente la Patria debe ser siempre para todo murialdino una misión. Por eso, en el año del Bicentenario, el compromiso lo hemos cifrado en crecer como honrados ciudadanos y buenos cristianos.

Por este motivo queríamos expresar en un acto simbólico el compromiso del año del Bicentenario. Lo hicimos ensamblando o construyendo una mesa, la MESA DE CHILE, alrededor de la cual han de caber todos los ciudadanos, empezando por los más desfavorecidos. Y así lo hicimos, gracias también a la habilidad de nuestros excelentes maestros de mantención. La construcción se desarrolló en sucesivas escenas, con una performance que atrajo la atención incluso de los turistas que estaban en el cerro:

~ Primero salieron cuatro jóvenes con sus cascos de construcción, quienes posicionaron las cuatro patas de la mesa frente al altar (¡las 4 patas, nada más!); cada una representa un pilar sobre el cual ha de levantarse una nación para que sea de verdad Patria para todos: la UNIDAD entre todos, la que da la consistencia y cohesión a un País. Pero no hay verdadera unidad sin SOLIDARIDAD auténtica y efectiva, especialmente con los más desfavorecidos. Luego está la RESPONSABILIDAD SOCIAL, la que nos impulsa a mirar por encima de todo al bien común. Pero, éste valor apela necesariamente a conseguir en nuestra nación mayor DIGNIDAD EN EL TRABAJO, tal como hemos podido comprobar este año.

~ Sobre la cuatro patas, otros dos jóvenes colocaron la TABLA DE LA MESA, alrededor de la cual nos imaginamos que tenían que estar, codo a codo, todos los que viven en esta tierra, desde los pueblos originarios hasta los inmigrantes recién llegados.

~ Pero la mesa necesitaba una identificación más evidente; por eso otros dos jóvenes colocaron en el frontis el MAPA DE CHILE.

~ A este punto, preguntamos qué es lo que da verdadera cohesión a una mesa que se va ensamblando pieza por pieza. Un carpintero nos diría: ¡pegamento y tornillos! O sea, algo que en una mesa bien hecha nunca se ve, pero que está. Lo que mantiene firme y parado a un pueblo es precisamente algo parecido: la ESPIRITUALIDAD. Es el elemento invisible que da estabilidad. Cuando a un pueblo le falta la dimensión espiritual, podemos decir con certeza que no tiene alma. Para simbolizar esto, salieron cuatro niñas, vestidas de angelitos, rodearon la mesa inestable todavía y, con sus llaves de oro, le dieron la seguridad necesaria apretando los tornillos.

~ Faltaba un mantel para embellecer la mesa. Y nuestro mantel bonito no podía que ser la BANDERA, donde estampamos la imagen de NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, traída por otras alumnas.

~ En toda mesa de las familias chilenas nunca falta el PAN. Y llegó, al final, una hogaza enorme, que bendijimos y repartimos entre los presidente delegados de curso. Y a quienes les cupo un trocito, les supo sabrosísimo, porque la subida les abrió a todos el apetito.

p. Franco Zago, rector

lunes, 15 de noviembre de 2010

FAMILIA Y ESCUELA, UN ECOSISTEMA PREVENTIVO

Por ser la Patria una misión, formamos honrados ciudadanos y buenos cristianos

FAMILIA Y ESCUELA, UN ECOSISTEMA PREVENTIVO

En 2008 fui invitado a visitar la mina “El Teniente”. ¡Experiencia fascinante! Pude conocer todo el proceso de extracción, desde la colocación de la dinamita y sucesiva detonación hasta la salida del mineral de los túneles. Allí conocí al señor Manuel González, quien, por ser esposo de la directora del colegio josefino de Requinoa, me facilitó la entrada. A don Manuel lo hemos visto varias veces en TV a mediados de octubre; fue el primer rescatista que bajó a la mina San José y el último en salir. Aquella visita especial a El Teniente estaba programada para los familiares de los trabajadores (yo fui invitado por pituteo) con el fin de que conocieran directamente el ambiente en que se realizaba la pega del esposo o del hijo o pariente próximo minero. Además de lo interesante que fue la visita, lo que me llamó la atención fue una de las ideas que repetían los guías y relatores: cuanto más fuertes y frecuentes son los lazos entre familia y mina, tanto mayor será la seguridad preventiva para los mineros. Por este motivo la dirección de Codelco había desarrollado un plan de visitas exclusivo, completo y pormenorizado para los familiares de los trabajadores. Me impresionó ese concepto, lo encontré tan insólito para una actividad semejante, que le di vuelta en mi cabeza. Al inicio no encontraba relación en la ecuación: mejores lazos = mayor seguridad preventiva. Me venía a la mente nuestro tradicional planteamiento pedagógico, que llamamos “método preventivo”. ¿Qué tiene que ver la prevención (de accidentes) en una mina con el mayor acercamiento de la familia al ambiente de trabajo del esposo o del hijo? Al final logré intuir la conexión y descubrí cómo el propósito era el mismo que aplicamos en nuestros establecimientos educativos: fomentar la conexión entre familia y ambiente de trabajo o de educación tiene como fin lograr mayor prevención ante riesgos y, por ende, mejores resultados, que en nuestro caso serían educativos; en efecto, también en educación podemos realizar mediante una buena cooperación entre profesores y padres una acción preventiva tanto en la formación de hábitos y comportamientos como en los aprendizajes.

No son conceptos nuevos, porque desde siempre se ha insistido en la interdependencia entre familia y escuela; especialmente en estos momentos en que la necesidad de unas relaciones más sistemáticas y continuas se imponen, en consideración de los problemas a los que están expuestos nuestros niños y jóvenes. Dando un rápido vistazo a los lugares de proveniencia de nuestros alumnos y/o a las situaciones que se crean, incluso, en las mejores familias, no es de menor importancia tomar en consideración las posibles influencias negativas o peligrosas sobre el niño o el joven; así como aquellas consecuencias inesperadas que pueden alcanzarlos por encontrarse solos en casa durante varias horas, por usar sin límites alguno internet o el celular, por salir a la calle sin avisar a los padres, por frecuentar “amigos” que los padres conocen superficialmente.

He notado que en las relaciones profesores-padres, familia-escuela, se da a veces una dificultad de conceptos. Para enfocar bien un tema de conversación, es de suma importancia conocer desde el principio la manera en la cual un “problema” determinado viene definido por unos y por otros. Es que damos por supuesto que todo el mundo perciba y defina un hecho conductual o un problema de aprendizaje de la misma manera, lo cual en muchos casos se revela como error que arrastra malentendidos y disonancias entre escuela y familia. No es una pérdida de tiempo, por tanto, iniciar una conversación con la pregunta: ¿qué entiende usted por X cosa? ¿Qué opinión le merece a usted este comportamiento X?

Cuando hablo de problemas o conductas me refiero no solamente a los que se perciben en el ambiente escolar y que son comunicados a las familias, sino también a aquellos que los padres notan en casa, en el seno de su propio hogar o en el barrio. Con mucha frecuencia éstos influyen en el comportamiento escolar y, por ende, deberían ser objeto de conversación de la familia con la escuela con el objetivo de conseguir mayor “seguridad preventiva”.

Hay muchas modalidades para aunar criterios como preludio de una exitosa colaboración: la entrevista con el profesor o con alguien de la dirección, la comunicación por agenda escolar, las circulares, la escuela de padres, el contacto telefónico o vía e-mail, las asambleas de apoderados, etc. Pero, por encima de todos, en nuestro Liceo queremos enfatizar la entrevista con el profesor jefe y los encuentros de la escuela de padres.

Por último, en torno a estas relaciones quiero sugerir para la reflexión una visión que encuentro fructífera. Se trata de considerar estos espacios, familiar y escolar, como un “ecosistema” y no como sistemas autónomos. Pensar en términos de ámbitos distintos y separados (familia y escuela), aunque relacionados, y pensar los dos ámbitos en perspectiva ecológica no es lo mismo. En virtud de esta segunda perspectiva, el cambio en cualquier parte del ecosistema afecta las otras partes. Lo que sucede con un niño en la escuela puede y suele tener consecuencias en la familia y, a la inversa, las experiencias familiares influencian el rendimiento escolar. ¿Cómo no intuir que detrás de una conducta distráctil del niño en la sala de clase hay un problema familiar relevante? ¿O ante una actitud particularmente callada del hijo, que se prolonga en el tiempo, cómo no pensar en la posibilidad de un bullying en la escuela? Una más estrecha colaboración entre profesores y padres puede prevenir consecuencias negativas o reforzar conductas positivas. La perspectiva ecológica, por otra parte, debería ser ampliada a otros contextos, incluyendo la interrelación de ámbitos más allá de la familia y del colegio, como son el grupo de amigos, el barrio, la asociación deportiva o el grupo parroquial, etc.

En fin, se trata de trabajar en dirección de lograr una actitud cooperativa-colaborativa entre los involucrados, sobre la base de la confianza y de la transparencia recíprocas. Si me preocupa de verdad el bien de un hijo, trato de ser lo más sincero posible, evitando esconder aspectos que podrían iluminar mejor la situación del niño o del joven. Y todo ello en fuerza de aquel principio que escuché en mi visita a El Teniente: desarrollando unas francas y eficaces relaciones, se mejora la prevención.

p. Franco Zago, rector


jueves, 21 de octubre de 2010

HONRADOS CIUDADANOS PORQUE BUENOS CRISTIANOS

Por ser la Patria una misión, formamos honrados ciudadanos y buenos cristianos

HONRADOS CIUDADANOS PORQUE BUENOS CRISTIANOS

Hace días leía la síntesis de un estudio realizado últimamente en Gran Bretaña, que tiene que ver con la religiosidad y la vida espiritual de los jóvenes. Empiezo esta reflexión con el resumen de unos puntos que encontré interesantes.

Fundamentalmente el estudio revela que un nivel más alto de práctica religiosa puede afectar positivamente a la capacidad de un estudiante para lograr mejores resultados. Los alumnos que se involucran en actividades religiosas y que, por ende, están con más ocupaciones, curiosamente dedican más tiempo para hacer las tareas. Las familias que mantienen una práctica religiosa semanal - léase misa dominical - tienden a ser más cohesivas y estables y a esperar más de sus hijos y, por ende, a educarlos con mayor constancia y firmeza al sentido de la responsabilidad, la honestidad y la coherencia.

El documento identifica, además, algunas formas a través de las cuales la práctica religiosa ayuda a los jóvenes:

- Éstos interiorizan más fácilmente valores y normas y, por tanto, consiguen con mayor asiduidad logros.

- La referencia habitual a la religión fomenta altas expectativas personales en ellos, y los ayuda a evitar comportamientos sociales desviados.

- Normalmente los adolescentes que frecuentan la iglesia tienen más expectativas educativas para sí mismos.

- Cuando se involucran con otros compañeros en actividades o asociaciones religiosas, el grupo se anima a implicarse académicamente y tiende a estar mejor orientado en la vida.

- Aquellos jóvenes que asisten semanalmente a las funciones religiosas (misa dominical) tienen menos probabilidad de llegar a consumar drogas o alcohol, o a mezclarse en comportamientos delictivos.

- La asistencia religiosa potencia también habilidades sociales por las periódicas interactuaciones que ofrece la comunidad.

- La ventaja para los jóvenes con asistencia religiosa semanal, en comparación con sus compañeros que no asisten al culto, es equivalente en general a la ventaja que proporciona unos padres con estudios superiores terminados.

Pienso que el estudio no revela ideas tan novedosas y sorprendentes; más bien presenta unos escenarios que varios, al menos, conocíamos desde siempre. Lo que sí llama la atención es que estos datos vengan confirmados por las ciencias sociales y que procedan de la laica y secularizada Europa.

Sabemos que la fe religiosa proporciona a la gente un sentido de propósito y de significado a sus vidas y a sus relaciones, por lo que les ayuda a afrontar las tensiones que se producen hasta en las mejores familias.

Las familias, que están insertas en grupos religiosos y/o en comunidades parroquiales, normalmente promueven en los hijos la vida espiritual y, al mismo tiempo, comportamientos éticos positivos, en particular el sentido de la caridad y del perdón. Todo ello ayuda a definir una conducta apropiada en la misma pareja, y les anima a tratar los conflictos de manera constructiva. Y esto, desde luego, redunda en beneficio de los hijos. Estas familias no son perfectas, pues tienen sus defectos e incoherencias. Pero tendrían mucho más fallas y contradicciones, junto posiblemente con la falta de un norte en la vida, si dejasen de repente la práctica religiosa.

La religión, vivida y practicada de manera constante, es causa también de un comportamiento cívico consecuente. La confrontación con la Palabra de Dios, leída individualmente o escuchada en la Eucaristía semanal, logra cambiar el comportamiento social, por lo que la persona se involucra más en las cuestiones civiles, participa activamente como ciudadano

y promueve cultura cívica a su alrededor. Al fin y al cabo, volvemos a la intuición educativa de San Leonardo Murialdo y demás grandes educadores, quienes se proponían como meta formar buenos cristianos y honrados ciudadanos. Si bien el binomio educativo es de por sí inseparable, en sus mentes siempre han creído que lo segundo es producto de lo primero. Dicho de otra manera: nuestra meta educativa - heredada del carisma de Murialdo e ilustrada este año a través del lema del Bicentenario - propone llegar a ser honrados ciudadanos porque se es buenos cristianos. Una afirmación que nos hace comprender la importancia de la educación integral, por lo que los comportamientos externos y sociales no pueden separarse de su fuente más genuina, que son los elementos interiores y espirituales.

Quiero expresar esta idea con una imagen tomada de una receta italiana. Hay una crema gustosísima - sabayón la llaman en el País vecino - que se hace a base de mezclar con fuerza yema de huevo con azúcar, añadiendo continuamente un hilo de vino dulce. Mezclar con vigor y constancia huevo y azúcar es tarea pesada; además, uno, por cuantos cuidados tenga, no deja de ensuciarse. Lo mismo sucede en la educación verdadera: la lograremos cuando de partida no tenemos miedo de ‘ensuciarnos’; pero sobre todo, cuando no nos dejamos vencer por el cansancio en el cotidiano trabajo de combinar lo académico con valores y actitudes, y sobre todo un hilo ininterrumpido de espiritualidad. La educación integral, cuando al cabo de los años se atisban ciertos resultados, es de verdad como esta crema que gusta a todos sólo cuando esté del todo emulsionada y se deje reposar un tiempo.

p. Franco Zago

martes, 7 de septiembre de 2010

LA IGLESIA CATÓLICA Y EL BICENTENARIO


Hace un par de semanas hemos apreciado la bonita exposición

La presencia de la Iglesia en la vida de Chile”.

Los alumnos, guiados por el departamento de Pastoral, han buscado y explorado en la historia pasada y reciente del País, una serie escogida de eventos, personajes, santos y religiosidad popular, que de alguna manera ha contribuido a la edificación espiritual del alma de nuestra nación. Luego, los alumnos han tratado de expresar y plasmar lo más significativo en varias formas de representación. Las mejores realizaciones de este trabajo, según la edad y capacidad de cada equipo, han sido puestas en exposición en la capilla del colegio para que todo el mundo pudiese apreciarlas y, al mismo tiempo, tuviese la oportunidad de percibirlas como factor de construcción social de la identidad nacional. En el fondo fue éste el objetivo que el departamento de Pastoral se propuso para implementar esta actividad en el año del Bicentenario.

Precisamente este año en que se habla por todos los medios de nacimiento de la nación, de símbolos patrios, de historia y cultura chilena, de próceres y hombres ilustres, de eventos históricos fundantes, casi casi nos olvidamos del aporte de la religión y de la Iglesia a ello. Por eso en el departamento nos pareció que uno de los primeros servicios que debía rendir un colegio católico a los alumnos y apoderados, era justamente el de hacer presente el hecho de que no se podía entender plenamente la identidad nacional sin una mirada a la presencia de la Iglesia en la vida de Chile.

Quizás vivimos tiempos en que no resulta políticamente correcto hablar de religión y de Iglesia; menos todavía este año, en que los pecados y los delitos de algunos eclesiásticos han oscurecido y entristecido a nuestra Iglesia y han suscitado no pocos interrogantes en los cristianos de a pie. En consecuencia, por un motivo o por otro, se busca evitar hablar de religión, especialmente de su proyección pública.

Hay quien piensa que la identidad religiosa es algo perteneciente a la esfera privada de cada individuo e, incluso, puede ser una amenaza para la convivencia y las libertades.

Es evidente que existe una intransigencia religiosa, que se muestra claramente incompatible con planteamientos democráticos. Pero esta postura de algunos no nos debe hacer pasar por alto la importancia de la religión. Es aún una de las formas de identidad cultural más potente en todo el mundo, una de las más capaces de movilizar a las sociedades. Sólo por ello, merece que le prestemos atención. En particular, aquí en Chile constituye una evidencia el hecho de que la religión católica con sus expresiones es una de las claves para interpretar la chilenidad.

Los escándalos, los errores y, eventualmente, algunas posiciones intransigentes en la Iglesia no tendrían que ser obstáculo para valorar el papel positivo de la tradición religiosa en la cohesión social, así como la posibilidad de ser todavía un verdadero agente de cambio social.

Cultura y religión, además, no son realidades aisladas e independientes. En toda sociedad humana se da una interrelación entre elementos culturales y religiosos. Por ello, podemos decir que la religión y la iglesia católica son fenómenos socioculturales. Todas las culturas poseen unos comportamientos religiosos, que son como el alma de cada una de ellas. El hecho religioso es algo que incumbe a todos los miembros de una comunidad nacional, independientemente que sean creyentes o no. Y esto es así porque la religión forma parte de la cultura y la civilización, siendo la religiosidad algo inherente a las formas de pensamiento y a los comportamientos y prácticas del ser humano.

La religión es un fenómeno cultural que proporciona a los habitantes de una región, como Latinoamérica, unas pautas mentales, unos valores, unas actitudes y unos comportamientos; es un hecho social que surge como exteriorización del proceso mental, vital, colectivo del grupo humano que recibió en la historia la influencia de la religión católica. En este sentido podemos decir que la tradición religiosa forma parte de la estructura social que una nación va creando. Desde esta perspectiva, la religión se tiene que entender como construcción social, y de ahí su trascendencia pública, no sólo interior o de conciencia.

Por otra parte, hemos de reconocer que la Iglesia pone a disposición, a través del Evangelio, verdades y valores, pero no da respuestas concretas a cada problema que surge en una nación, problema tanto político como económico y social.

Volviendo nuestra mirada al Chile de hoy en día, encontramos en sus ciudadanos un espesor de religiosidad de profunda raigambre, que difícilmente se podrá borrar, aunque todo el mundo quisiera de propósito olvidarse de ello.

Me pregunto si los chilenos serían los mismos si de repente quitásemos de su mente y corazón la devoción a la Virgen del Carmen. ¿Seríamos capaces de interpretar y comprender la identidad nacional sin un p. Hurtado, sin el aporte de la Vicaría de la Solidaridad del período del cardenal Silva Enríquez?

Toda identidad nacional esconde en su interior un alma. Es responsabilidad de los educadores, de los intelectuales y de los adultos en general, hacer conscientes a las nuevas generaciones de que hay en lo profundo del chileno una dimensión espiritual que proviene de la Iglesia Católica.

martes, 3 de agosto de 2010

A propósito del Semáforo



Tengo ante mi el Mapa-Semáforo de la Municipalidad de Recoleta, que el Ministerio quiso entregar a los Padres y Apoderados para informarles sobre los resultados SIMCE 2009 en los colegios. Estos son clasificados en tres colores – verde, amarillo y rojo – según si el puntaje promedio esta

respectivamente por encima o por debajo del promedio nacional. El mapa lleva en el anverso una carta con firmas del Presidente y del Ministro de Educación.

¡Qué tristeza!

¿Cómo se sentirán papás y mamás de aquellos alumnos, cuyo colegio tiene el semáforo rojo? ¿qué podrán hacer? Si tienen tan sólo un poquito de interés para que sus hijos reciban una mejor formación académica, ¿qué posibilidades reales van a tener el próximo año? ¿y cómo responderá el Ministerio las Municipalidades ante los reclamos de los padres?

Desde luego, en estos momentos lo que menos me importa es constatar una vez más que nuestro Liceo tiene buenos resultados y que está evaluado con semáforo verde. En todo caso me preocuparía si llegasen muchos más postulantes para nuestro colegio, porque nos produciría mayor stress en el trabajo de selección o porque siempre es duro contestar a un papá o una mamá que suplica que su hijo(a) sea admitido(a), que no tenemos vacantes.

Me preocupa también una afirmación de la carta que acompaña el Mapa-Semáforo, que en el contexto de la publicación de los resultados SIMCE, cobra un sesgo reduccionista: “…una buena educación significa mayor progreso, abrir puertas y mejores oportunidades. En síntesis: una vida más plena y feliz para sus hijos ¡Es una ecuación inaceptable¡ ¿Cómo se puede reducir el concepto de vida plena y feliz a mejores resultados del SIMCE? ¿acaso la felicidad y la vida plena las pueden tener sólo auqellos que van mejor en sus estudios y que tienen mejores oportunidades? Si fuera asi, entonces deberíamos concluir que la mayor parte de los alumnos de los colegios con semáforo rojo tendrá una vida insatisfactoria e infeliz. No solo se trata de una perspectiva erronea, sino también sumamente peligrosa, por considerar los resultados académicos de las pruebas externas como el factor de predictibilidad de “una vida más plena y feliz”.

Nosotros no queremos que nuestro colegio sea elegido o preferido principalmente por sus resultados académicos o por ser bastante barato en comparación a lo que ofrece; o por ambas cosas. Ciertamente nos empeñamos por superar el rendimiento escolar de todos y cada uno de nuestros alumnos, preocupándonos por los más rezagados. Analizaremos detenidamente los resultados del SIMCE para buscar donde canalizar nuestra atención y poner los remediales más adecuados. Nos preocuparemos cuando en una asignatura no tenemos buenos resultados. Pero cuando aspiramos que nuestro liceo sea apreciado, quisiéramos que lo fuera por algo más profundo y auténtico; por aquello que tiene que ver realmente con la felicidad de niños y jóvenes:

¾ Por la convivencia alegre y disciplinada

¾ Por las relaciones de confianza entre alumnos y profesores

¾ Por la atención personalizada que se intenta instaurar de parte de los profesores jefe con las entrevistas.

¾ Por las múltiples iniciativas solidarias, generadoras de sólidas actitudes para la vida;

¾ Por el continuo estímulo al trabajo bien hecho;

¾ Por ser un colegio inclusivo que no discrimina a quien no llega enseguida a los resultados esperados;

¾ Por el enfoque pedagógico que mira sobre todo a educar el corazón;

¾ Por toda la labor pastoral que se lleva a cabo de manera sistemática con alumnos y padres;

¾ Por la espiritualidad y los valores que diariamente tratamos de comunicar

¾ Porque queremos formar a buenos cristianos y honrados ciudadanos, es decir, queremos que nuestros alumnos, cuando salgan de 4º Medio sean jóvenes históricamente ubicados y cristianamente inspirados…

Este es el valor agregado que hace a un buen colegio; por ello, la prueba SIMCE, que dice medir la calidad de la educación, sólo mide un aspecto, importante si, pero no siuficiente para calificar a un colegio como bueno o malo o regular, con semáforo verde, rojo o amarillo…

p. Franco Zago, rector, Julio 2010